Amable lector:
Atentamente someto a su consideración mis vivencias en el fascinante e inverosímil sexto continente.
Mi raquítico intelecto no alcanza a descifrar si pertenece a esta era o dimensión del tiempo.
Involuntariamente fui arrastrado hacia ese torbellino irreversible que me condujo a conocer su existencia. Juzgue este relato como trastulo que lo rescate transitoriamente de preocupaciones, rutinas o tensiones.
Todo se originó al explorar una gruta llamada “de las Golondrinas”, permítanme reservarme el suceso por mis inevitables temores a lo desconocido.
Sé con certeza que otros hombres oriundos del estado de San Luis Potosí han traspasado la barrera, pero comprobé que fallecieron, coincidentemente se abstuvieron de revelar el secreto, un prestigiado comentarista televisivo originario del mencionado estado fue seleccionado, pero para su buena fortuna manifestó sus primeros contactos, de inmediato fue rechazado, más intuyó su existencia.
La ubicación exacta del pasadizo o antesala la recuerdo, baste decir que se encuentra en las inmediaciones de la Sierra Madre Oriental en un maravilloso girón de la Huasteca.
Los pobladores sextocontinentales conviven como fiel copia de nuestros años veinte al cuarenta y nueve, puede ser un mundo paralelo, porque coinciden en costumbres e idioma, en historia hasta mediados de siglo, en la situación geográfica con algunas variantes.
Lo que no recuerda es la incomprensible detención del tiempo ya que los teléfonos son rudimentarios y escasos, cuentan con telégrafo y radio pero carecen de televisión, cinematógrafos, naves aéreas y otras cosas, están enterados que hemos avanzado, tal parece que no quieren adaptarse a los adelantos científicos.
Han evitado guerras o disensiones, armas destructivas, viajes espaciales, tecnología y ciencia médica pero siento que es deliberado.
En cuestión de carreteras y automóviles poco he visto, ya que los lugares en que se han desarrollado los acontecimientos son de regiones inhóspitas; sin embargo, logré conocer carreteras de escaso tráfico, los autos son antiguos y contados, sólo una vez detecté dos o tres camionetas modernas y un flamante coche de influyente personaje.
Ignoro porque fui seleccionado, en ocasiones pienso que todo es producto de mi incontrolable mente.
Ignoro también porque se mantienen tras la barrera. No sé si hago bien al plasmar o relatar esta llamémosle historieta que revelará con fidelidad absoluta cada momento vivido.
He meditado concienzudamente para dar este trascendental paso, me abstenía por temor a recibir un castigo por mi abierta indiscreción, pudo ser advertencia o que se yo pero siempre que algo dije sufrí al poco infortunios incontables, sé que estoy en un brete o encrucijada ¡pido a Dios me ilumine porque la decisión está tomada!
Como los viajes o transportaciones han sido frecuentes, relataré cada uno por separado, apegándome a los sucesos con entera veracidad, de antemano aclaro que cualesquier semejanza con hechos, situaciones o personajes serán mera coincidencia.
Si usted está consciente que no somos los únicos pobladores de este mundo ¡magnífico!, pero sí es reacio a aceptar lo intangible, entonces amigo lector, considéreme un imaginativo sujeto.
Como la publicidad moderna para mi queda vedada a riesgo de pagarlo con la vida, aprovecho la ocasión para manifestarle mi agradecimiento por compartir mis experiencias.
Afectuosamente
Saúl
Arturo Vidales Vidales